Los dobleces de las apariencias
Llegué a casa, cansada de un extenuante día de muchas idas y demasiadas venidas sin reposos intermedios suficientes y como era obvio, lo tercero que alejé ansiosa fuera de mí, después de deshacerme del bolso y la chaqueta, fue los zapatos. Y tras ello hubo un inquietante descubrimiento.
Ahora dime, tú, lector ocioso que siempre vuelves a las andadas comodistas de leerme y no comentarme (ni que te costara, realmente....pero bueno, ya...hazlo que te venga en gana que al final de todo escribir o no es cuestión mía) ...ejem...ahora, en qué iba? Ah, sí! Dime, tú, lector mío y aún ocioso, cuál crees que fue mi hallazgo?
No, no fue ese maloliente que crees! Me insultas, caray! (yo no sé qué harás tú, pero en lo que a mí respecta, déjame confirmarte el hecho de que el hábito de la limpieza es más que una manía sacra que llevo a cabo a cada rato. Desordenada, permitido sea. Mugrosilla ni por broma). Alguna otra idea? Vamos, no es difícil! Te la hago más fácil, tiene que ver con algo que no queremos en cierta indumentaria con la que cubrimos nuestras fronteras de bien al sur.
Ya lo tienes ahora? Pues síp. Eso mismo halle. Un flamante y muy desvergonzado hueco en mis bellas mediecitas de gatos. En qué momento apareció el susodicho para nada bien recibido es algo de lo que no tengo ni idea, lo único que puedo agradecer es el hecho de que haya sabido el tal, mantener un recatado anonimato que me ahorrara el gasto de energías que involucra el conseguir el rojo amapola del embarazo y no me refiero al que termina tras nueve meses, claro.
Pero ahora tú te preguntarás y a qué viene tanta narración con respecto a la ventilación no planificada de mis calcetines, y pues con lo buena chica que soy, es obvio que daré respuesta a tus interrogantes.
La razón por la que he hablado de esta muy usual experiencia (que a todos nos ha pasado) no es por el hecho de simple contarlo (o también, pero bueno...no te escandalices) sino por usarlo como preámbulo a lo que ahora les escribo (ojo atento), porque dicha situación me hizo meditar sobre otra que es aún mucho más común y poco menos risible la mar de veces.
Las apariencias. Jolines si eso no es un tema peliagudo. Hay todo tipo de "aparienzudos" (no le lleven el chisme de mi pasatiempo "inventero" a la real academia de la lengua, eh), existen aquellos que lo hacen de vez en cuando, de los que lo hacen porque sin ello se mueren, de los que lo hacen solo bajo presión, de los que ni caen en la cuenta que lo hacen...en fin, de todo tipo para todo gusto o disgusto...según cómo se quiera ver. E indudablemente, muchas veces, hemos sido nosotros los del título.
Y no es que el buscar aparentar sea bueno o malo (que con tan solo una pizca de sentido común y de análisis de situación podemos sacar en claro el cuándo y cuánto del meollo), sino que es algo que nunca queremos aceptar porque es nuestro deber el "aparentar" que no aparentamos. Curioso no crees?
Mil dichos nos grafican este hecho del cada día. Quieres leer algunos? "por afuera flores y por dentro temblores" (uno que describía a mis calcetas a las mil maravillas), "allá a donde fueres, haced lo que vieres", "no solo hay que serlo sino también parecerlo" (la versión viceversa de las apariencias tan solas) ...y mi adaptación favorita "de apariencia sí viven algunos hombres".
Yo aparento al menos unas diez veces al día (y no es que las cuente, claro). A veces aparento no estar triste, a veces aparento no tener miedo, a veces aparento para coquetear (XD). El punto es hallar no el equilibrio sino la concesión permisible para aparentar, evitándonos así las miserias del autoengaño.
Miseria de la que ni con tres vidas de apariencias nos podremos librar.
Atte.
Irethsue, la chica que con aguja en mano se dedica a coser sus medias mientras se reconoce así misma tal cual ella es.









