Entre lluvias y adioses

De caricias pendientes los recuerdos dolorosos viven, anhelando llorosos un beso que los calme al llevarlos a dormir. Tristes pasos perdidos en el fondo de nuestras almas.
Penas pequeñas similares a penas grandes, heridas imborrables almacenadas cual muñecas olvidadas de nuestra niñez lejana. Rastros de sueños de un pasado que prometió convertirse en ideal, muriendo agónicos ante promesas de arcoíris abandonadas.
Pesadillas diarias que no siempre se recuerdan, pero que laten en sangre de sonrisas desvalidas. Instantes tan solo, en que aferrada a una almohada revivo danzas entre copos de algodón de fondos de cajitas musicales.
Mareas doradas de ayeres, de bosques en donde la luz ilumina un tiempo que ahora ya no está. Lagos resplandecientes convertidos en espejos que nos muestran lo perdido en aquel día.
Donde cerramos los ojos de nuestro corazón con pestañas cargadas de rocío, abrazando el cielo en busca de un cuello amigo para rehuir el rostro del mundo enemigo.
Sumiéndonos profundo en la oscuridad que se derrama, inconscientes con las alas rotas. Todos deseamos finales de cuentos de hadas, con carrozas de ratones y madrinas sonrientes.
Mas la lluvia nos desnuda, reflejándonos y volviéndonos al mundo brillante que perdimos.
Un minuto de silencio arrodillada ante mi pasado, mi fiel compañero. No me demandas más que una sonrisa amparándome del silencio de futuros días funestos.

