En el bosque oscuro, Part. 3

Con el corazón desbocado en una carrera psicópata y las rodillas temblándome, pero la frente en alto y la fuerte determinación de "mandarlos al diablo" con todo y mochilas, tome fuertemente mis cosas, gire en redondo ante sus caras pasmadas de sorpresa y me dirigí hacia el lugar sentenciado.
- ¡detente! ¿Es qué acaso te has vuelto loca? - pronuncio Fabián mientras se cruzaba en mi camino intentando detenerme.
- ¡No, solo que no soy una maldita cobarde y se lo voy a demostrar a todos, en especial a la babosa de tu admiradora en jefe! - grite algo más que fuera de mí misma mientras señalaba con la mano a la inepta de Alexandra. Y antes de que pudieran evitar mi marcha él o la así dulcemente aludida, que ya estaba alistando las garras para venirse me encima, me lancé a paso acelerado en medio de la profunda maleza.
Y así fue el cómo llegamos a donde estoy...en medio de la nada, firmemente aferrada a mi bolsa de dormir, mirando con ojos de loca para todos lados sin poder vislumbrar nada más lejos que la distancia de mi brazo extendido frente a mi nariz. Asustada hasta las zapatillas.
Sí, indudablemente estoy metida en un lío de los mil demonios. No sé si es mi imaginación o algo peor...pero les juro que estoy segura que hay algo cerca de mí. Y no me huele nada bien esto.
Repito una y otra vez "¡¿Dios mío como salgo de esta?!" No puedo regresar sobre mis pasos y retractarme declarándome abiertamente como una vil mentirosa y encima cobarde...no, antes que eso me muero. Aunque no me lo tomen tan literal, en un momento como éste no puedo decir algo muy extremo sin temer un juicio exacto sobre mis deseos. ¡Diablos, maldito día para no haber luna!
El crujir de las hojas secas sobre el suelo me rodea como una marea, "¡ay, mamita linda!"
- ¿Quién está ahí? - le reclamo al aire que me envuelve rogando que mi voz no suene tan temblorosa como me siento - informo que no estoy sola, mis amigos que tienen armas están muy cerca de aquí y solo es necesario que yo grite para que aparezcan inmediatamente -
Solo el silencio me contesta, pero yo sé que no estoy sola. Sí, justo ahora estoy más que ultra mega segura que hay alguien aquí. Muy cerca a mí y, maligna sea mi suerte, dudo que sea con la intención de invitarme a tomar el té.
- ¿Quién eres? - digo con la voz, para que ya ocultarlo, más cercana al llanto que a un asomo de coraje.
El sonido de pasos es indudable, alguien acaba de pararse exactamente a mi espalda. Mi respiración se ha ido de paseo, segura estoy que mis pulmones nunca han de volver a ser capaces de inhalar nada. Mi corazón acaba de caer estrepitosamente hasta mis tobillos, con todo y su gran carga de autoestima. La vida ha sido muy corta. "¡buahhhhh!" Soy tan joven y bella, aún no he decidido a que universidad entrar, aún no he visto el capítulo final de mi serie favorita, ni siquiera he llegado a teñir alguna vez mi cabello, ni darle un beso a mi actor de cine favorito dándole a conocer en mágico momento digno de una película de Disney que no puede volver a vivir sin mí. ¿Por qué me deje convencer? ¿Éste es mi final? ¿Qué dirá mi obituario? ¿Mi mamá le dará mi cuarto a mi prima? ¿Por qué diablos estoy hablando conmigo misma en vez de estar huyendo mismo correcaminos?"
Con la conciencia reclamándome mis pecados, y con lo poco que me queda de cordura he decidido que no hay objetivo en correr. Me ha llegado mi hora, lo mejor es ver a la muerte directamente a lo que sea que tenga por ojos.
- ¡Pero, a la recontra! - grito con todas mi fuerzas a la vez que ya definitivamente la fuerza de mis rodillas me ha abandonado sin previo aviso.
- ¡Hey! Tranquila nena... soy yo, ves, soy yo, Fabián. ¿Creías que te iba a dejar venir sola solo porque eres una redomada cabezona? - anuncia el muchacho mientras, sospecho, trata de no matarse de la risa.
- No, noo tengo miedo... so...solo me sorprendiste, por...por eso grite...tú...tú puedes irte...no, no te necesito. Yo...yo estoy muy bien. Ves, no...no tengo mi...miedo - tartamudeo a todas vistas (sí, ya sé, ni yo me convenzo).
- ¡ajap! Sí, claro. Bueno...mira Ariadna, la verdad es que yo sé que tú no te llevas con nosotros. Mira, no trates de fingir, es más que visible que te caemos tan en gracia como un enema. Pero, no somos malas personas. Somos, sin pecar de creídos, bastante agradables en verdad. Solo que tienes que darnos chance para que nos conozcas. Vamos, ¿podrías darnos siquiera una oportunidad para ser tus amigos o al menos unos amables conocidos?- añadió mi interlocutor con una locuacidad impresionante acompañada con lo que sé que es su sonrisa más flamante, y eso que con tanta oscuridad no puedo ver nada de nada.
Y pensar que alguna vez dije que este chico no era un amor de persona. ¡¿Me estoy retractando?! Ándale, el miedo sí que me ha dado feo.
- Bueno, puede que si tengas algo de razón. Pero ustedes tampoco han sido muy amables conmigo y pues yo, yo solo me defendía - anuncie con un timbre algo dolido.
- ¡oh vamos nena!... digo Ariadna. Todos hemos sido un conjunto de idiotas rematados, pero ¿Qué acaso no tenemos derecho de cambiar y tener un nuevo inicio? - pronuncio Fabián con firmeza.
- Pues sí, creo que sí...bueno, sí. Sí tienes razón - titubeo... (¡oh la lá! ¿Es qué me apagaron el aire acondicionado o está empezando a hacer algo de calor aquí?) - bueno, entonces... eh, ¿vamos? - sinceramente creo que sería saludable una de compañía más nutrida. Me estoy sintiendo algo rara aquí, como que medio sonrojada.
- Claro, vamos - termina Fabián con algo que me parece bastante notoria alegría.
Y bueno pues, parece que al final de finales no todo esta tan mal. Y quién sabe, puede que después de todo no haya sido una falla astral, quizás solo era que Cupido decidió hacerme una jugarreta en un paraje por lo más extraño y muy a su manera. ¿Será que me estoy humanizando?
-FIN-

